HISTORIA

El hecho de identificar al juego deportivo como una manifestación cultural, que se ha dado a lo largo de la historia de la humanidad como algo imprescindible y necesario, nos ha obligado a señalar con claridad cuáles han sido sus características y sobre todo los objetivos que han prevalecido en las distintas épocas históricas analizadas.

Sobre la base de que la cultura identifica claramente a los miembros de una sociedad y que la misma razón los lleva a actuar de forma colectiva en todos sus planteamientos sociales y culturales de forma que todo el complejo de conocimientos, creencias, arte, moral derecho, costumbres y por supuesto el juego deportivo tiende a ser el mismo dentro de la cultura de cada pueblo. La cultura se refiere siempre al estilo de vida total, socialmente adquirido de un grupo de personas y que incluye los modos de pensar, sentir y actuar. Sencillamente la cultura es lo que nos distingue a los humanos del resto de los animales y en un mínimo de palabras la cultura son comportamientos que se adquieren dentro del grupo social en que nos ha tocado vivir.

El juego deportivo por tanto es también una manifestación cultural que adquirimos a través de la relación que mantenemos con nuestra cultura de origen y que reúne por ello todas las características de la propia cultura, incidiendo en una más que en otras, dependiendo de los intereses y gustos de cada época histórica. Así podemos decir que el juego deportivo se aprende, es decir, que el hombre de acuerdo con su dotación genética es capaz de aprender y adquirir todo tipo de movimientos, desde los más sencillos como el andar, correr, saltar, trepar, lanzar, etc., hasta los más complejos, incluyendo incluso la creación de nuevas formas. El juego deportivo es simbólico pues, está lleno de convencionalismos, gestos y códigos que sólo entienden los que conocen el juego. El juego deportivo ha servido siempre al hombre como entrenamiento en su lucha por la supervivencia, mejorando constantemente las habilidades necesarias para afrontar con éxito los retos de la vida. El juego deportivo mantiene siempre unas normas o reglas de conducta que el grupo acepta y cumple normalmente. Desde las comunidades primitivas, ciertas actividades lúdicas o de educación física informal, han cumplido funciones selectivas y evolutivas entre los animales, incluido el hombre. Los mejores corredores, nadadores, saltadores, luchadores o los más habilidosos eran el producto normal de la necesidad de defenderse, atacar o luchar contra la penuria o afrontar los peligros con éxito. Ha ocurrido también en épocas históricas y se puede observar claramente en los juegos deportivos practicados por esas culturas (Egipto, Grecia, Roma o más tarde en la Edad Media con los torneos y justas).

Dependiendo del momento, ciertas actividades deportivas utilizadas con fines utilitarios, pueden convertirse en meras actividades lúdicas, eliminando el carácter utilitario con el que se idearon, cuando dejan de ser necesarias (en España, podemos señalar como ejemplo los torneos medievales que con el tiempo se convirtieron en el juego de cañas o de cintas, eliminando parte o toda su agresividad). Este efecto suele ser reversible y así en nuestros días un deportista que practica el deporte con una intención recreativa, puede convertirlo en utilitario, desde el momento que lo transforma en deporte profesional. El juego deportivo es dinámico pues al igual que la cultura, cambia constantemente a las nuevas situaciones, también el deporte se adapta a las nuevas formas culturales y a los gustos e intereses de las personas de cada época. Incluso en aspectos tan aparentemente alejados como pueden ser los sistemas de valores de una sociedad o sus creencias, el juego deportivo ha estado siempre presente. Desde las culturas más primitivas donde el juego deportivo forma parte del propio ritual sagrado y va unido a la fiesta religiosa, hasta en culturas más recientes donde, el juego deportivo se seculariza y es difícil observar alguna relación.

Podemos afirmar que el juego deportivo tanto antiguo como moderno, se ha desarrollado a través de formas adaptadas a los gustos e intereses de cada época y sus características y objetivos se han mantenido a lo largo de la historia de la humanidad aunque con diferentes nombres y significados. En primer lugar hay que señalar que el deporte sobre todo es un juego que se desarrolla a través del movimiento y sujeto normalmente a unas reglas, aceptadas por todos.

Otra característica del juego deportivo, es que siempre han existido, desde el punto de vista de su intencionalidad, varias formas de entenderlo. Por un lado nos encontramos con el deporte recreativo que es el deporte que se practica de una manera desinteresada y libre (concepto del deporte ocio). Por otro, el deporte educativo, que como tal, y de acuerdo con sus fines, lo podemos considerar como una forma utilitaria de hacer deporte y por último el juego deportivo profesional que es cuando lo convertimos en un trabajo esté o no remunerado.

El aspecto agonístico, es otra de las características del juego deportivo. El factor competición en el juego deportivo se da siempre y lo encontramos bien sea enfrentándonos a otras personas o compitiendo contra uno mismo por superar una dificultad (volar, escalar, navegar, etc.). La satisfacción que produce superar un reto impuesto libremente, constituye el carácter propio del juego deportivo y se puede dar bien contra el tiempo, contra el espacio o contra un adversario.

También hay que decir que el origen de la mayoría de los juegos modernos, procede de juegos deportivos anteriores y que con frecuencia formas parecidas las encontramos dentro de los ritos religiosos y guerreros primitivos (por ejemplo los juegos de pelota y las danzas).
La emoción dentro del juego es otro de los aspectos que se han mantenido. Ya Ortega nos señala que existe un impulso primario no sujeto a lo biológico que nos inunda y nos arrolla y que ha ido siempre unido a la evolución de la especie humana. No solamente sienten emoción los participantes directos del juego, sino que también, dicha emoción se transmite a los espectadores y a todo el mundo que participa directa o indirectamente del acontecimiento, de forma que puede llegar un momento que se identifiquen totalmente con uno u otro bando y sientan el éxito o la derrota como algo propio. En este sentido el juego cumple la función social dentro de una comunidad donde las personas necesitan sentir pertenecer a un grupo determinado. Defender los colores de un club, de una ciudad o de un país, representa la exteriorización a través del deporte de la necesidad de formar parte de una cultura determinada.

Cierto grado de incertidumbre es también una característica propia del juego deportivo de todas las épocas estudiadas. El resultado incierto hizo que el juego deportivo se utilizara y se utilice aún en nuestros días como juego de apuestas. Eso unido a que el juego es siempre irrepetible, hace posible que halla siempre un alto grado de interés, tanto entre los jugadores como entre los espectadores y que el juego tienda a perdurar en el tiempo a pesar de que sean los mismos contendientes o el mismo juego.

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